Audición Altavoces Fink Team Kim

Fink Team KIM

Fink Team es un equipo alemán que empezó como consultor y diseñador de cajas acústicas para terceros. En 2014 decidieron dar al paso a fabricar una caja para su propio uso, que sirviera para demostrar sus posibilidades y servir de referencia interna. Hasta ese día eran ingenieros de altavoces, no fabricantes… pero desde entonces eso cambió y lanzaron sus propios productos: el desaparecido Ken Ishiwata (embajador de Marantz) escuchó el prototipo y les pidió hacer uno para él, eso fue en 2016 y ahí empezaron estas cajas.

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Con Karl-Heinz Fink a la cabeza, el equipo cuenta con especialistas en acústica, vibraciones, carpintería, la parte magnética y eléctrica de los altavoces, procesado de señales y por supuesto comercial y marketing. Aquella primera caja era la WM-3 a la que sucedió la WM-4, su tope de gama absoluto. Después llegó un diseño menos extremo y más práctico y asequible, la Borg, y a finales de 2020 le llegó el turno a la pequeña de la familia, la Fink Audio KIM, dedicada a salas más pequeñas pero prácticamente libre de compromisos.

Un gran monitor de dos vías

La KIM es una caja acústica de dimensiones relativamente compactas, es decir un “monitor”, de dos vías con dos altavoces y un recinto bass-réflex. Para evitar la tentación de llamarla “caja de estantería” y dejar claro que como debe ir colocada es sobre sus pies, Fink Audio vende directamente la KIM atornillada a su propio pie (una estructura fina de tubo de acero de sección cuadrada). Además así le da la inclinación (5 grados hacia atrás) que considera óptima para un punto de escucha normal (sentado), ya que -con ese pie- la caja es bastante discreta: 85 centímetros de alto por 30 de ancho y 31 de fondo. La caja está disponible en varios colores y acabados, desde los tradicionales blanco o negro, a diferentes acabados en madera o en brillo piano.

El frontal de la caja está esculpido en su parte superior, y recubierto de un acabado blando (mate), para evitar difracciones indeseadas del altavoz de agudos. Pasa del ancho de la caja (300 milímetros) a solo 205 mm para mejorar también la directividad del  tweeter montado, un AMT (por “Air Motion Transformer”) es decir de cinta según la invención de Oskar Heil. Una membrana de 25 micras de espesor (ligerísima) en Kapton lleva láminas de aluminio de 50 micras y puede vibrar a frecuencias muy altas con muy baja distorsión. Se monta una unidad de 110 mm para mejorar la dispersión horizontal (zona de escucha óptima más amplia).

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Debajo suyo está el altavoz de medios y graves, con un cono “tradicional” de ocho pulgadas de diámetro realizado en pulpa de papel tratado. La suspensión en goma blanda y un imán sobredimensionado aseguran buen rendimiento en graves: hasta 32 Hz en la sala. Ayuda a ello el recinto, que por fuera parece una simple caja pero esconde una estructura rígida y reforzada, con resonadores internos para eliminar ondas estacionarias (sonido más limpio). En lugar de rellenar el interior con material amortiguante, colocan resonadores de las frecuencias que conocen (gracias a muchas mediciones) que podrían ser perjudiciales, y así  la caja no pierde “vida”. El ejemplo de eso es la salida Réflex trasera, sintonizada a 37 Hz y que cuenta por dentro con un resonador “CleanPort” que precisamente limpia los graves.

El importante filtro, que divide la señal musical del amplificador y la reparte entre los dos altavoces, está elaborado con componentes pasivos de alta calidad y su diseño evita también “limitar” demasiado cada driver. Trabaja en cuarto orden pero hace de la KIM una caja fácil de amplificar: 86 dB de sensibilidad y una impedancia mínima de 5,9 ohmios la hacen incluso amigable con válvulas poco potentes. Junto a los bornes traseros de conexión, Fink ofrece dos controles para afinar sutilmente el sonido: uno para agudos (High) que puede realzarlos ligeramente (salas con mucho material absorbente) o al contrario (salas “vivas”); el otro  sirve para adaptar óptimamente caja y amplificador, con más “damping factor” (1 mejor para transistores) o menos (3 para válvulas).

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Audición con amplificación Canor, Tsakiridis y Yamaha

La presencia de las Fink Team KIM en nuestra tienda nos ha permitido probarlas con múltiples configuraciones y electrónicas, desde la etapa estéreo Gryphon Essence al amplificador integrado a válvulas Tsakiridis Devices Aeolos Ultima (con KT150). Pero esta audición con el amplificador integrado Yamaha A-S3200 usando como fuente el lector Canor CD 1.10 y el convertidor DAC también de Canor DAC 2.10 nos permitieron descubrir y disfrutar de estas interesantes cajas alemanas, en la sala de la planta baja.

 

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En la búsqueda inquebrantable de la innovación y la musicalidad, Yamaha se enorgullece en presentar su amplificador integrado insignia: el A-S3200.

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CANOR DAC 2.10 utiliza la configuración dual mono de los convertidores de digital a analógico ES9038Q2M de ESS Sabre, que garantizan una alta calidad de sonido. Gracias a estos conversores es posible reproducir archivos en formato PCM hasta una frecuencia de muestreo de 768 kHz y para formato DSD hasta Native DSD512 a través de la entrada USB, cubriendo así la mayoría de archivos digitales que normalmente puedes reproducir, comprar o transmitir.

Lo primero que llama la atención de las KIM es que suenan a cajas “grandes” en todos los sentidos: la escena sonora es anchísima, profunda, totalmente tridimensional, destacando la anchura de los planos más lejanos cuando la grabación tiene instrumentos localizados allí… parecen estar fuera de la sala. También suenan a caja grande gracias a su buen grave: profundo, rápido, pero también impactante. Con temas de tambores y percusiones (ya sea Kodo o rock) sorprende que estas cajas tan compactas pueden golpear así en el pecho.

Sí esperábamos que sonaran muy bonitas, incluso realistas, con temas más sencillos: Pat Metheny, Sting… y algo tan simple como el tema “Aquellos Ojos Verdes” de Mina Agossi con el que parecía que la teníamos respirando delante. O algo más conocido: el “Volver, Volver” de Concha Buika… De vuelta a las orquestras, los tweeter AMT temíamos pudieran añadir algo de ácido a los metales y no lo hacen en absoluto, dejando sí pasar el timbre del instrumento original. Y el piano suena como debe, dinámico y con caja, excelente.

En cuanto a los controles traseros, con el Yamaha el sonido era más seco y rápido en la posición prevista (1) para amplificadores con más damping factor, es decir menor impedancia de salida. Al probarlo en la 3, el grave perdía algo de esa rapidez, pero parecíamos ganar un poco en profundidad de escena (quizás al estar más “suelto”)… puede ser cuestión de gustos, estilos musicales o salas, pero es sutil y una ventaja contar con ello. El control de agudos también es muy sutil y si acaso lo notamos más a bajo volumen, a nivel de música ambiental, cuando el “+” añadía algo que permitía seguir mejor las notas o voces.

Conclusión

Las apariencias engañan y detrás de una caja tan aparentemente sencilla como la Fink Team KIM, cuando hay tanto trabajo de puesta a punto y no se toman atajos en aspectos clave como la construcción interna del recinto, sus ventajas salen a la luz, o mejor dicho el oído. Destaca la coherencia de su sonido, sin puntos débiles, y lo completo de su banda pasante, desde graves que poco podíamos sospechar de los que fuera capaz (y ofrecidos con limpieza) y agudos detallados sin ser demasiado analíticos o agresivos. Además es una caja “con marcha”, que invita a seguir el ritmo de la música que estemos escuchando, dejándonos sumergir en ella y olvidándonos de que estamos en un sistema de alta fidelidad.

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